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Presentación
Transgénicos en la agricultura
Indicadores Ambientales en el contexto Europe...
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Transgénicos en la agricultura
Francisco Fontúrbel Rada
fonturbel@mbotanica.zzn.com
Resumen
Las plantas transgénicas son producto de la biotecnología vegetal, que en los últimos años ha trabajado para hacer nuevos organismos resistentes a condiciones ambientales adversas, plagas y enfermedades, aumentar los rendimientos y mejorar cualidades nutricionales en plantas de interés económico. En la actualidad estas plantas se cultivan en muchos países y sus productos de una u otra forma llegan a los consumidores y ocasionan diversos efectos, además de varios otros efectos al medio ambiente.
Si bien la mayor parte de los consumidores en el mundo rechazan los alimentos transgénicos, estos cultivos crecen cada vez más y las transnacionales que los producen están dominando varios mercados gracias a sus patentes. Si bien los transgénicos tienen muchos puntos en contra, tampoco se puede asumir una posición totalmente contraria, ya que en ciertos casos el balance global de costo–beneficio se inclina hacia éste último.
Palabras clave: Planta transgénica, biotecnología vegetal, cultivo, agricultura, agroquímicos, globalización de mercados.
Abstract
Transgenic plants are products of plant biotechnology, in the last years biotechnology researchers worked out to make new plants with resistance to several conditions such environmental, plagues, diseases, increase production and improvement of nutritive qualities in plants of economic importance. Now these plants are cultivated in a lot of countries and their products arrive –by many ways– to the regular consumer, producing several health and environmental effects.
Despite the consumer loath worldwide, the transgenic crops grow everyday and the transnational enterprises that produce transgenic plants are ruling many markets by their patents. Transgenic plants have many negative aspects, but assuming a loath position is not an option, we can’t totally reject the transgenic plants without a cost–benefit analysis, because in many circumstances the benefits are bigger than the risks.
Key words: Transgenic plant, plant biotechnology, crop, agriculture, agrochemicals, market globalization.
Introducción
Los transgénicos u organismos genéticamente modificados (OGM) son seres vivos a los cuales se incorpora uno o más genes de otras especies, a fin de conferirles determinadas características nuevas (Valdivia & Laura 2001). Las plantas son un grupo ampliamente estudiado en el campo de la biotecnología vegetal y en la actualidad existe una gran cantidad de plantas transgénicas producidas con diferentes fines (Universidad de Zaragoza 2001).
El descubrimiento de las enzimas de restricción y el desarrollo de la tecnología de DNA recombinante ha propiciado la aplicación de diferentes tecnologías de producción de plantas transgénicas con una amplia variedad de aplicaciones (Fontúrbel en prensa) como la resistencia a factores ambientales, a plagas y enfermedades, una mayor producción o la generación de sustancias útiles.
Si bien inicialmente los transgénicos han sido concebidos para proporcionar beneficios a la humanidad (Valois 2001) y surgir como una alternativa a la hambruna (RSL 2000), en la actualidad son fuertemente cuestionados y criticados por los efectos negativos que –potencialmente– tienen sobre el ambiente y la salud (Toscano 1999), y por el control de mercado que ejercen las compañías multinacionales dueñas de las patentes (Fontúrbel 2002).
El evaluar la seguridad de la ingeniería genética en plantas es todavía algo incierto (Käppeli & Auberson 1998) ya que los científicos controlan los efectos primarios –o lo que se quiere conseguir– pero no pueden controlar los efectos secundarios –mediados por procesos naturales de recombinación y mutación– que dan lugares a resultados no deseados e impredecibles (Fontúrbel en prensa). Las compañía transnacionales que controlan el mercado de los transgénicos en la actualidad, hablan de los efectos primarios de sus nuevas y privilegiadas variedades (Monsanto 2000), pero las denuncias de efectos nocivos a salud y el ambiente por la ingesta de alimentos transgénicos –que se venden de manera abierta– aumenta día a día (Greenpeace sf.a, Amigos de la Tierra 2000, Vélez 2000, Pick–Upau 2001, Villaverde 2001).
La posición a adoptar respecto a los cultivos transgénicos no es sencilla y tampoco existe una posición extrema y única, hay muchas ventajas y desventajas en las plantas transgénicas (Laura 2001, Valdivia & Laura 2001), y éstas se deben ajustar a las características y necesidades de cada país (Castro 2000, Lal 2001, FOBOMADE 2001 a, b, c) por lo que el balance global que se haga al respecto debe contemplar las consideraciones del caso particular que se trate.
En el presente trabajo se pretende dar una definición breve de qué son las plantas transgénicas y cómo se elaboran, y de las ventajas y desventajas relacionadas a los cultivos transgénicos. También se tratará el papel que juegan las transnacionales dueñas de los derechos de las semillas transgénicas, el ingreso de éstas a los mercados actuales, y se dará una amplia visión amplia sobre el balance global que se debe realizar para tomar una posición frente a este caso.
¿Qué son los transgénicos?
Los transgénicos son organismos a los cuales se han introducido uno o más genes provenientes de otra especie. Las plantas transgénicas poseen genes de todas las procedencias: de otras plantas, de animales, de bacterias, de virus y de hongos, y muchas veces poseen combinaciones de ellos (Fernández 1999) ya que se necesitan armar complejos sistemas moleculares para garantizar la expresión de los genes foráneos.
En las plantas transgénicas se han usado genes de plantas, animales y bacterias para conferirles características puntuales como resistencia a químicos, a condiciones ambientales adversas, a insectos, etc. (Bousac 2001) a los cuales se añaden genes promotores y regulares de elevada expresión (llamados convencionalmente enhancers) provenientes de virus, puesto que éstos tienen mayor capacidad de expresión que los celulares (por las características infecciosas de los virus, que hacen que el sistema de expresión tenga prioridad con su genoma antes que con el de la célula) y de esta forma de garantiza que el material introducido se transcriba y se traduzca (Fernández 1999). Para la construcción de transgénicos además se usan genes de resistencia a antibióticos que sirven como marcadores de selección, para separar las células transformadas de las no afectadas (Greenpeace sf.b, Courvalin 1998).
Fernández (1999), Laura (2001) y Fontúrbel (en prensa) describe los métodos más empleados para la producción de plantas transgénicas. En principio, la técnica base para la introducción de genes foráneos dentro de un sistema vivo diferente es la tecnología de DNA recombinante (Fig. 1). Esta tecnología se empezó a aplicar con el descubrimiento de las enzimas de restricción, las cuales permiten cortar el genoma en sitios específicos, y por procesos enzimáticos se pueden incorporar los genes deseados en vectores de clonación que van a conseguir que estos genes se expresen en un sistema biológico huésped diferente al de origen (Fontúrbel en prensa). Una vez que se tienen los clones recombinantes, éstos son introducidos en las plantas mediante dos tipos de métodos: los métodos biológicos y los métodos directos.
Los métodos biológicos emplean un vector vivo que lleve el material genético a la célula blanco. De manera general existen dos formas de introducir material genético por esta vía: (1) mediante virus genéticamente modificados (que llevan los genes de interés en lugar de los genes estructurales), los cuales insertan su genoma en el DNA celular para la replicación y de esta manera se consigue la expresión de los genes foráneos; y (2) mediante la bacteria Agrobacterium tumefasciens la cual se sabe forma naturalmente callos en las plantas y existe intercambio genético con éstas (Laura 2001). Lo que se hace con A. tumefasciens es crear una cepa recombinante de ésta (con los genes de interés) y se induce la formación de tumores, en los cuales se encuentran células modificadas por la interacción, se aíslan estas células y a partir de ellas se genera el individuo transgénico (Fontúrbel en prensa).
Los métodos de transferencia directa de genes son muy variados, a continuación se mencionarán brevemente los más empleados. Puede realizarse una transferencia directa de genes mediante la fusión de protoplastos (la célula vegetal sin la pared) mediante químicos como el PEG (polietilenglicol), de donde se obtienen híbridos nucleares y luego células transgénicas por recombinación; para este in también pueden emplearse liposomas (Fernández 1999).

Fig. 1: Resumen del proceso de DNA recombinante para crear plantas transgénicas.
(Modificado a partir de Achá et al. en preparación).
La biolística es otro método difundido, consiste en bombardear las células con partículas metálicas microscópicas recubiertas del DNA que se desea introducir (Fernández 1999). Si bien esta técnica ha dado buenos resultados, tiene un componente aleatorio de efecto muy fuerte que da un amplio margen a resultados impredecibles y un incremento significativo en la tasa de mutación celular. Igualmente costosos, pero con menos problemas de efecto aleatorio, están los métodos de inyección (micro y macroinyección), estos métodos consisten en inyectar el material genético foráneo al núcleo de la célula mediante equipo sofisticado (Laura 2001). Los métodos de microinyección tienen mayor eficacia que los de macroinyección por la focalización dirigida de la inserción (Fernández 1999). Adicionalmente se emplean otros métodos directos como la transformación del polen (Fernández 1999) y la electroporación (Laura 2001), pero no son ampliamente utilizados.
Las plantas transgénicas inicialmente se crearon como modelos para explicar los circuitos de regulación genética (Fontúrbel en prensa) y se probó la expresión de diversos tipos de genes en ellas. El ejemplo más conocido en una planta de tabaco (Nicotiana tabacum) que expresa el gen de la luciferasa de las luciérnagas, dando como resultado una planta luminiscente. Estos sistemas transgénicos ayudaron mucho a dilucidar los sistemas de regulación de la expresión génica en eucariotas, paso que abrió las puertas a la construcción de plantas transgénicas con fines de agricultura, comercio y medicina.
Posteriormente se dedicaron esfuerzos investigativos al aislamiento y caracterización (junto con la respectiva patente: Rifkin 2000) de genes de diferentes fuentes biológicas, para determinados fines agronómicos. Los primeros trabajos en el campo se realizaron en el aislamiento de los genes de las proteínas Cry de Bacillus thuringensis, una bacteria entomopatógena, las cuales son usadas en las plantas transgénicas como un bioinsecticida convencionalmente llamado Bt; también se trabajó en la construcción de genes que confieran a las plantas resistencia a herbicidas. El principal trabajo en lo que a resistencia a herbicidas se refiere se hizo con el glifosfato, aunque también se trabajaron otros herbicidas como el glufosinato. Las plantas con la tecnología RoundupReady (RR) de Monsanto son resistentes al glifosfato de la misma empresa, denominado Roundup –y sus variedades mejoradas– (Monsanto 2000). La resistencia a Roundup está dada por la expresión de una proteína bacteriana necesaria para la síntesis de enzimas fotosintéticas, la proteína de origen celular es inhibida por el herbicida, pero no la de origen bacteriano (Universidad de Zaragoza 2001).
En la actualidad, las nuevas ofertas de Monsanto muestran plantas de maíz, algodón y soya que poseen ambas características: la resistencia a insectos y la tolerancia a herbicidas (Monsanto 2000), y otras empresas del rubro han generado plantas similares y con otras características, como el tomate "Flavr–Savr– de Calgene, el cual no se ablanda y puede ser almacenado por mucho tiempo (Universidad de Zaragoza 2001) mediante una tecnología de RNA de antisentido que inhibe la proteína responsable de la senescencia del fruto maduro.
Las plantas transgénicas no sólo se han hecho para cultivo, también se han construido transgénicos para producción de sustancias, como metabolitos y productos secundarios importantes (Fernández 1999). Uno de los avances más impresionantes de la biotecnología vegetal ha sido la posibilidad de expresar vacunas contra una amplia variedad de enfermedades en las plantas (Valois 2001), incluso se han logrado expresar anticuerpos de reconocimiento y prevención del cáncer.
Ventajas y desventajas de los transgénicos
Las plantas transgénicas son un claro ejemplo de que todas las cosas tienen aspectos buenos y aspectos malos, pero en este caso las caras de la moneda son muy variadas y –en algunos casos puntuales– diametralmente opuestas. A continuación se presenta un resumen de las principales ventajas y desventajas de las plantas transgénicas actuales, en este resumen se verá que una misma característica puede ser tanto una ventaja como una desventaja, dependiendo el punto de vista bajo el que se mire.
Ventajas de las plantas transgénicas
Resistencia a insectos. La introducción de genes Bt en las plantas hace que éstas sean "naturalmente" resistentes a las principales plagas que atacan los cultivos y producen grandes pérdidas en la producción (Fernández 2001, Laura 2001). La ventaja de las proteínas tóxicas Bt (provenientes de los genes cry) es que atacan solamente a ciertos grupos sensibles a ellas y no afectan al resto de la entomofauna relacionada a las plantas del cultivo.
Otra ventaja relacionada con la resistencia a los insectos es la reducción del uso de agroquímicos plaguicidas en los cultivos. Puesto que la planta por si misma es capaz de envenenar a los insectos, el uso de agrotóxicos se hace innecesario, reduciendo de esta manera el impacto sobre las plantas, la entomofauna y el suelo, y reduciendo el costo de producción en lo que a plaguicidas se refiere.
Resistencia a herbicidas. La construcción de plantas resistentes al efecto de los herbicidas, tales como las RR de Monsanto (Monsanto 2000, Laura 2001) posibilita eliminar con facilidad las malezas que crecen en los campos de cultivo. La selectividad de resistencia hace que sea posible aplicar el herbicida a todo el campo de cultivo y matar a las malezas pero no a las plantas de interés económico (Fernández 1999).
Mejoramiento de la productividad y producción. Uno de los puntos más importantes en la construcción de transgénicos es el aumento de productividad y producción, es decir, el aumento de calidad y cantidad del producto final (Valois 2001). Uno de los desafíos más grandes del mundo actual es dar de comer a la población mundial (que se acerca a los 8 mil millones de habitantes) con la misma cantidad de tierras productivas (Toscano 1999), y para ello se necesitan variedades que den mayor cantidad de producto.
Mejoramiento de la calidad nutritiva. Algunas plantas son ricas en ciertos nutrientes esenciales para el hombre, mientras que otras carecen de ellos o los poseen en muy bajas cantidades, es por ello que los métodos de ingeniería genética han conseguido incrementar la producción de ciertas sustancias en las plantas transgénicas (Fernández 1999, Laura 2001). Uno de los ejemplos más representativos de ellos es el arroz dorado (golden rice, por su color) que es rico en vitamina A, la cual ayuda a evitar la ceguera en medio millón de niños por año en el mundo (Lal 2001).
La expresión de ciertos nutrientes que no estaban presentes antes en determinados cultivos es una buena opción para combatir la desnutrición en poblaciones con acceso restringido a muchos alimentos, y que por tal razón tienen una dieta incompleta y deficiente. Los principales campos de acción de esta área son el aumento de ácidos grasos, de proteínas y de micronutrientes (Fernández 1999).
Control de enfermedades virales. Las enfermedades virales son causa de pérdidas masivas del cultivo cada año. Los grupos de virus que infectan las principales plantas son variados, los más conocidos son los virus mosaico. Los virus producen enfermedades mortales en las plantas y son capaces de acabar con cultivos enteros puesto que el contagio mediante insectos (u otros vectores) propaga rápidamente la enfermedad y produce un deterioro permanente de los cultivos. Se han diseñado plantas transgénicas resistentes a diferentes enfermedades virales mediante ingeniería genética (Laura 2001).
El principio de la resistencia a enfermedades virales es la expresión de proteínas del mismo virus, que compitan con las partículas virales infecciosas e interrumpan los procesos de entrada a las células y de replicación. También se han diseñado plantas transgénicas que expresan proteínas capaces de interferir con los circuitos de regulación génica de los virus, inhibiendo la replicación del genoma viral y la síntesis de proteínas virales imprescindibles –mediante RNA antisentido– (Fernández 1999).
En este campo también se han hecho avances acerca de la resistencia a enfermedades bacterianas y virales, mediante plantas productoras de ciertas proteínas y sustancias que funcionan como antibióticos y antimicóticos (Fernández 1999).
Tolerancia al estrés ambiental. Otro factor negativo sobre los cultivos son las condiciones ambientales adversas, que provocan fuertes situaciones de estrés sobre las plantas disminuyendo su productividad o matándolas. Para este efecto, se han aislado genes de organismos resistentes a determinadas condiciones ambientales extremas (Madigan & Marrs 1998) como ser las elevadas o bajas temperaturas, condiciones de salinidad extremas o de pH bajo 5 o sobre 9. Estos genes de resistencia a factores extremos normalmente se han tomado de arqueobacterias (Madigan & Marrs 1998) que son los organismos mejor adaptados a estas circunstancias, aunque también se han tomado genes de animales y plantas para este efecto.
Uno de los avances más llamativos en este sentido es la producción de plantas de tabaco y nabo portadoras de un gen humano que les confiere la resistencia a ciertos metales pesados, por medio de una proteína de asimilación de éstos metales, pasándolos a formas menos tóxicas dentro del organismo (Fernández 1999).
La principal ventaja que tiene esta reducción del estrés ambiental es la potencialidad de uso de hábitats marginales para cultivos (Valois 2001). Plantas transgénicas pueden crecer en ambientes poco o nada aptos para sus parientes silvestres.
Producción de frutos más resistentes. El primer transgénico que salió al mercado fue el tomate "Flavr–Savr" de Calgene, el cual posee un gen artificial que genera un RNA de antisentido que inhibe la producción de la proteína responsable de la senescencia del fruto (Universidad de Zaragoza 2001). Esta tecnología permite almacenar y tener más tiempo de exposición al ambiente de muchos frutos sin que se ablanden y se malogren (Fernández 1999).
Producción de plantas bioreactoras. La posibilidad de inserción de genes en plantas actualmente es tan amplia que permite generar nuevas plantas que funcionen como bioreactores para descontaminación y reciclaje de productos (Laura 2001).
Fijación de nitrógeno. Se han creado plantas transgénicas con amplio espectro de asimilación de Rhizobium sp., una bacteria fijadora de nitrógeno. Estas bacterias normalmente hacen simbiosis solamente con las leguminosas, pero las nuevas tendencias en biotecnología vegetal han logrado ampliar el espectro de huésped a otras plantas (Fernández 1999).
Mejoramiento con fines ornamentales. Algunas plantas de importancia ornamental han sido modificadas para mejorar sus características estéticas, en especial el color de las flores y de esta manera hacerlas más atractivas al consumidor (Fernández 1999), por medio de la manipulación de pigmentos se han logrado colores de flores inexistentes en la naturaleza.
Producción de fármacos y vacunas. La expresión de proteínas terapéuticas y de vacunas de subunidad han sido un gran logro de las plantas transgénica en el campo de la medicina (Fontúrbel en prensa). Normalmente las vacunas y muchos fármacos son difíciles de producir y los costos al consumidor son tan elevados que se hacen inaccesibles a la mayoría de la gente (Valois 2001). Es por ello que la producción de vacunas activas y anticuerpos funcionales en plantas representa una buena alternativa para difundir el uso de vacunas importantes (como la de la hepatitis B) a un costo mucho menor.
Carrillo y colaboradores (1998) han logrado expresar respuesta inmune efectiva en ratones mediante plantas transgénicas que expresan la proteína VP1 de la enfermedad de pie–boca (también conocida como fiebre aftosa). Estos resultados son alentadores para pensar que en un futuro próximo, la inmunización contra las principales enfermedades se la realice mediante los alimentos.
Desventajas de las plantas transgénicas
Los insecticidas Bt y similares. Si bien la presencia de proteínas tóxicas de tipo Bt o análogos de similar efecto mata la población de plagas con cierta especificidad, el efecto tóxico de los cristales de estas proteínas puede afectar a otros grupos de insectos no relacionados con las plantas de cultivo. Las proteínas Cry de Bt se cristalizan en los granos de polen (aunque éste sea polen estéril) y son dispersadas por el viento y resultan tóxicas para otros insectos cercanos a las plantas.
Greenpeace (sf.a) ha denunciado que el polen tóxico del maíz resistente a insectos está matando a la mariposa monarca, puesto que dicho polen –que contiene cristales de las proteínas Bt en su superficie– es dispersado varios metros por el viento y llega a las plantaciones de algodón donde afecta fuertemente a las larvas de la mariposa monarca y produce reducciones considerables en las poblaciones de ésta, poniéndola en grave peligro de extinción. Si bien se ha visto que estas biotoxinas no tienen efecto sobre otros grupos de insectos –polinizadores y dispersores– la especificidad de plaga tampoco es absoluta.
Producción de súper plagas. Las plantas resistentes a herbicidas (como RR de Monsanto) funcionan muy bien a corto plazo. Sin embargo a corto y mediado plazo, el uso extensivo de agroquímicos que se da a estos cultivos puede ocasionar el surgimiento de súper plagas (Laura 2001). Los genes de resistencia a los herbicidas usualmente son obtenidos de diferentes bacterias del suelo (Fernández 1999) y éstos genes pueden interactuar con las malezas y hacerlas también resistentes a los herbicidas, o bien las malezas mismas pueden desarrollar resistencia a los herbicidas por su condición de estrategas R, y de esta forma constituirse en un problema difícil de solucionar. La aparición de malezas resistentes a los herbicidas ocasionará inicialmente que se tengan que emplear mayores cantidades de agroquímicos, que tienen un fuerte impacto tóxico sobre los demás componentes del agroecosistema, y posteriormente se harán totalmente resistentes y no habrá manera de controlarlas y las pérdidas que ocasionarán serán muy grandes, así como los daños al ecosistema (degradación).
Resistencia a antibióticos. Los genes de resistencia a diferentes antibióticos se usan durante la construcción de los "cassettes" genómicos de las plantas transgénicas (conjunto de genes necesarios para la expresión de la característica deseada), estos genes no tienen función alguna en la planta transgénica y la mayoría de las veces no se expresan (Courvalin 1998), pero sirven como un marcador de selección para distinguir las células transformadas de las no transformadas, puesto que ninguno de los métodos de inserción de material genético foráneo tiene una eficacia del 100%.
Los genes de resistencia a antibióticos son útiles solamente durante el proceso de construcción del transgénico y después no cumplen ninguna función, pero permanecen en el genoma de la planta. Esta permanencia deja abierta la posibilidad de transferencia horizontal de estos genes a las bacterias del suelo o a bacterias patogénicas del hombre. Se ha comprobado que esta interacción genómica planta–bacteria se da en la naturaleza, aunque en muy baja proporción (Bertolla et al. 2000), por lo que la presencia de genes de resistencia a antibióticos en las plantas transgénicas se convierte en un problema de salud pública de primer orden.
Normalmente se emplea el gen de la resistencia a la kanamicina para este proceso, pero también se usan otros genes como el de resistencia a la ampicilina y a la estreptomicina (Greenpeace sf.b), y la presencia de estos genes en las bacterias no sólo ocasiona resistencia a estos, sino que puede desencadenar procesos fisiológicos que hagan a la bacteria menos sensible a otras familias (moleculares) de antibióticos (Courvalin 1998). Como se puede ver, esta potencialidad de transferencia de resistencia a antibióticos amenaza seriamente décadas de trabajo médico en el combate de enfermedades, ya que si las bacterias se vuelven resistentes sería imposible tratar las dolencias que producen, y los efectos sobre la salud y calidad de vida humanas serían catastróficos.
Estudios recientes (Bertolla et al. 2000) han demostrado que la probabilidad de transferencia horizontal de genes de resistencia de antibióticos de plantas transgénicas hacia bacterias es muy reducida. Uno de los factores limitantes es el estado fisiológico de las bacterias, ya que éstas necesitan estar en un estadio de competencia (bacteria competente) que le permita introducir material genético externo por medio de un proceso de transformación. La segunda limitante que describen estos autores son las diferencias de complejidad a nivel de genoma, ya que el genoma de plantas y bacterias son tan distintos que las barreras para la integración son muy amplias. De todas maneras este problema queda latente y se están generando alternativas como el uso de marcadores moleculares alternativos para la selección de las células modificadas (Vélez 2000).
Inestabilidad genética. La inserción de material genético extraño a un genoma consolidado por millones de años de evolución puede provocar numerosos problemas de estabilidad genética (Laura 2001). El que se inserten genes que nunca habrían podido llegar de manera natural a un genoma vegetal (como genes de bacterias y virus) hace que se pierda parte de la estabilidad estructural y bioquímica del genoma de la planta, y éste, para recuperar dicha estabilidad, deberá modificarse hasta llegar a formas más estables por medio de mutaciones pequeñas y grandes, con efectos de diferente magnitud.
Con respecto a esto, Käppeli & Auberson (1998) hacen la siguiente pregunta: "¿Cuán seguro es ‘suficientemente seguro’ en ingeniería genética de plantas?". Todavía no existe una respuesta concreta a esta pregunta, pero son muchos los estudios que se han hecho para poder contestarla. Los investigadores planifican, determinan y ejecutan los experimentos dirigidos bajo lo que se ha denominado efectos primarios, que son las características puntuales que se desean transferir a las plantas. Pero estos efectos primarios no son los únicos que se presentan en los transgénicos, también están los efectos secundarios, que son aquellos que están fuera del alcance y predicción del investigador. Los efectos secundarios se deben a efectos aleatorios generados por la complejidad dinámica del genoma (Fontúrbel en prensa) que además de los sistemas de replicación, posee sistemas de reparación del material genético, puesto que el proceso de replicación ocasionalmente presenta errores. Son estos errores los que dan lugar a fenómenos de mutación, que junto con los procesos naturales de recombinación dan lugar a nuevos ordenamientos del material cromosómico, que –por supuesto– tienen algún efecto sobre el fenotipo.
Interacción ecológica negativa. La adición de nuevas características a las plantas puede representar en algunos casos que se rompan asociaciones naturales con otras formas de vida (por ejemplo, los polinizadores), y que gracias a esto se cambien o rompan los ciclos normales de funcionamiento ecológico, afectando a todo el ecosistema (Laura 2001).
Riesgo a la biodiversidad. Los grupos ambientalistas han satanizado a los transgénicos aludiendo al riesgo de pérdida de la biodiversidad. Si bien en principio la generación de nuevas variedades de plantas parece contribuir a la biodiversidad, en lugar de reducirla, el efecto a mediano y largo plazo –en la mayoría de los casos– es una reducción de esta.
Las formas genéticamente modificadas de alguna manera se relacionan con sus parientes silvestres, ya sea porque están geográficamente cercanas, o por flujos de polen mediante corrientes de viento (Greenpeace sf.a) y se da un proceso de hibridación entre las plantas transgénicas y las plantas silvestres. Esta hibridación ocasiona un proceso de contaminación genética (Oswald 2001), el cual es irreversible, ya que los genes introducidos en esa progenie no se pueden retirar ni se puede evitar que se transfieran a una segunda generación. En este problema también median los procesos de introgersión (Fig. 2), que consisten en el retrocruzamiento de los híbridos con alguno de los parentales, dando formas más degeneradas genéticamente, pero que pueden superar los problemas de infertilidad (Achá et al. en preparación).
A pesar de que se ha tratado de evitar este problema mediante la generación de plantas (transgénicas) estériles, plantas con polen no viable y la introducción de la tecnología Terminator (que elimina al embrión en la semilla y la hace inviable), se ha visto que estos híbridos si producen, y a causa de la contaminación genética se produce una fuerte erosión genética de las formas silvestres (Oswald 2001), que contaminadas con algunos de los productos de transgénesis o al verse en desventaja selectiva frente a las "súper plantas" de laboratorio terminan extinguiéndose.

Fig. 2: Esquema que ilustra el proceso de introgersión en plantas (adaptado a partir de Achá et al. en preparación).
Tanto el problema de contaminación genética como el problema de extinción de especies silvestres son irreversibles y sus consecuencias ambientales desastrosas, ya que son éstas formas silvestres los reservorios de variabilidad que ofrece la naturaleza, y sin ellos las formas vegetales se homogenizarán cada vez más, y no podrán hacer frente a los cambios que requieran adaptaciones, y todas las formas –incluso las transgénicas– terminarán por extinguirse.
Los nuevos productos de las plantas transgénicas pueden tener efectos adversos al introducirse en las cadenas tróficas, se ha visto que ciertas sustancias de origen viral son capaces de dañar el sistema inmunológico de los mamíferos, y que muchas de las sustancias generadas en las plantas transgénicas son cancerígenas (Oswald 2001).
Transferencia horizontal de genes. Como en el caso de la resistencia a antibióticos, cabe la posibilidad de transferencia horizontal de genes provenientes de las plantas transgénicas (Laura 2001). Los efectos que puedan tener estos genes en otras plantas, y peor aún, en otro tipo de organismos, son impredecibles.
Recientemente los científicos han demostrado que las variedades transgénicas de maíz cultivadas en Estados Unidos, contaminaron variedades criollas esta planta en México (Domínguez 2001).
Aparición de alergias. El introducir genes extraños en las plantas que sirven de alimento, hace que en la comida cotidiana aparezcan sustancias que de otra manera nunca habrían entrado a la dieta humana, como por ejemplo proteínas bacterianas (Universidad de Zaragoza 2001). Se ha visto que muchas de estas sustancias nuevas en las plantas transgénicas son potenciales alergenos para los seres humanos (Toscano 1999). Se han registrado casos de pruebas de laboratorio que han dado positivo al componente alergénico, como la soya con genes de la castaña del Brasil, que nunca llegó a salir al mercado por este problema (Toscano 1999, Valois 2001); sin embargo no todos productos potencialmente alergenos han tenido esa censura, y ese es el caso del maíz StarLink (resistente a insectos) producido y comercializado en Estados Unidos, el cual ha producido reacciones alérgicas muy fuertes en parte de los consumidores (Amigos de la Tierra 2001a). Este maíz StarLink teóricamente fue probado antes de su introducción al mercado, pero considerado que la prueba fue realizada en 20 individuos (una muestra no representativa de una población de varios millones de habitantes) los resultados reales fueron mucho peores que los esperados (Amigos de la Tierra 2001a).
El problema de las alergias a los compuestos nuevos constituye un asunto de salud pública de cuidado, especialmente por los efectos secundarios que esto puede tener, como fue el caso de las personas en Estados Unidos que enfermaron mortalmente por el consumo de L–triptófano producido por técnicas de DNA recombinante en bacterias (Valois 2001).
La tecnología "Terminator". La tecnología denominada Terminator, desarrollada por Monsanto, hace que se activen un conjunto de genes que vuelven inviable al embrión de la semilla, impidiendo que ésta germine en la próxima siembra (Oswald 2001). Este procedimiento crea una dependencia total a la empresa productora, que tiene efectos negativos sobre la economía del agricultor y del país.
Los transgénicos y las transnacionales: ¿quién es dueño de la vida?
Si bien el desarrollo de los transgénicos y de toda la tecnología y biotecnología necesaria para la producción de los mismos ha contribuido fuertemente a aumentar el conocimiento científico en el campo de la genética, y a permitido a muchas universidades fortalecer proyectos de investigación y formar profesionales de primer nivel, también ha llevado al monopolio de los transgénicos (Biodiversidad 2001b).
Las grandes empresas del rubro, como Monsanto, DuPont, Calgene, Novartis, Aventis y Ciba han dejado de lado sus actividades iniciales orientadas a la producción de productos químicos y farmacéuticos y han doblado esfuerzos en el campo de la biotecnología de alimentos (Rifkin 2000).
Actualmente se pueden patentar organismos íntegros, partes de organismos, células, cromosomas e incluso genes, y mediante estas patentes la empresa que los "inventa" tiene derecho de uso exclusivo y puede cobrar regalías por su uso, convirtiendo así el mercado de alimentos de un sistema vendedor–comprador a un sistema proveedor–usuario (Rifkin 2000).
Gracias a esta patentabilidad de la vida, (¡como si la vida pudiese inventarse!), el acceso a los recursos genéticos queda en mano de unas pocas transnacionales que son dueñas y soberanas del DNA de muchas especies (Biodiversidad 2001b) y gracias a ello pueden monopolizar y manipular los mercados a voluntad. Actualmente Monsanto, Novartis, DuPont y Aventis manejan el 32% del mercado mundial de semillas y prácticamente el 100% del mercado mundial de semillas transgénicas (Rifkin 2000).
La tecnología Terminator, que inicialmente se creó como un medio de evitar la propagación indeseada de plantas transgénicas, hoy es la herramienta perfecta para el dominio de los mercados (Oswald 2001), ya que los agricultores deben comprar cada vez la semilla a la empresa, porque la que obtienen de la cosecha es estéril y no se puede volver a sembrar. Esta dependencia externa y total, lejos de combatir la hambruna va a incrementarla (Fontúrbel 2002).
El que estas empresas hayan "inventado" y patentado la vida, y que quien desee plantar semillas transgénicas tenga que pagar por un derecho de uso, y no por comprar un bien, reduce –o incluso se puede decir que elimina– la soberanía alimentaria del país dependiente, y si no existe soberanía alimentaria, es decir, no se tiene un control propio sobre los alimentos, menos aún se podrá hablar de una seguridad alimentaria (Fontúrbel 2002).
El año 2000, el comercio de los transgénicos movió 2 millones de dólares, y según las estimaciones de los economistas, el 2010 llegará a mover 20 millones de dólares, 10 veces más en 10 años (Rifkin 2000). Ante este marcado incremento de ganancias, las empresas transnacionales dueñas de las patentes de las semillas transgénicas pueden llegar a dominar la economía mundial en pocos años, y cualquier problema que estas puedan enfrentar repercutirá fuertemente sobre todos los países, pero –como siempre– con más fuerza sobre los países en desarrollo (Fontúrbel 2002).
El cultivo de plantas transgénicas
Los cultivos de plantas transgénicas están creciendo cada día más en el mundo, al igual que los productos derivados de éstas en los mercados de consumo. Lal (2001) define al cultivo de plantas transgénicas como el sucesor natural de la revolución verde, ya que el conjunto tecnológico aplicado para este efecto sigue los mismos principios generales de modernización e introducción de tecnologías que la agricultura industrial.
El incremento de la superficie cultivada con transgénicos es impresionante, de 2.3 millones de hectáreas en 1996, se ha pasado a 44.2 millones de hectáreas en 2000 (Vélez 2000), y se prevé superar los 50 millones de hectáreas para fines de 2001. Los principales países dedicados al cultivo de transgénicos son Estados Unidos y Argentina, en la tabla 1 se muestra un resumen de las superficies cultivadas por los principales países cultivadores de transgénicos, y en la tabla 2 se resumen los principales cultivos genéticamente modificados.
Tabla 1: Superficie cultivada con OGMs por país, datos hasta 1999 (en base a Bousac 2001).
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País
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Superficie cultivada [hectáreas]
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Estados Unidos |
28.7 millones |
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Argentina |
6.7 millones |
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Canadá |
4.0 millones |
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China |
300.000 |
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Australia |
100.000 |
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África del sur |
100.000 |
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México |
Menos de 100.000 |
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España |
Menos de 100.000 |
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Francia |
Menos de 100.000 |
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Portugal |
Menos de 100.000 |
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Rumania |
Menos de 100.000 |
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Ucrania |
Menos de 100.000 |
Tabla 2: Área cultivada con las principales plantas genéticamente modificadas hasta 1999 (en base a Bousac 2001).
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Planta
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Superficie cultivada [hectáreas]
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Soya |
21.6 millones |
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Maíz |
11.1 millones |
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Algodón |
3.7 millones |
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Colza |
3.4 millones |
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Papa |
Menos de 100.000 |
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Zapallo |
Menos de 100.000 |
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Papaya |
Menos de 100.000 |
Como muestran las dos tablas anteriores, el cultivo de transgénicos está focalizado en una docena de países y las especies cultivadas no pasan de 10. Existe un marcado predominio de estas especies porque son las que tienen un mayor interés económico y sobre las que más se ha trabajado. Monsanto, para el año 2000, ofreció diferentes tipos de maíz, algodón, soya y canola (una planta forrajera) ya sean resistentes a insectos, a herbicidas o a ambos factores. Las demás empresas productoras de transgénicos tienen ofertas similares.
Izquierdo (2000) encara optimistamente este fenómeno de incremento de la superficie cultivada con plantas transgénicas y plantea que el incremento de productividad (que es innegable) obtenido por estos cultivos puede ser una buena alternativa para garantizar la seguridad alimentaria a nivel mundial. Ahora bien, la paradoja que plantea Rifkin (2000) al respecto es clara: no se puede hablar de seguridad alimentaria si no se tiene soberanía alimentaria (control sobre los propios alimentos) porque son las transnacionales las que controlan las patentes, y no así los países y menos aun los agricultores. Los transgénicos serían una opción de seguridad alimentaria en países pobres y muy poblados, si se pudiese garantizar la soberanía alimentaria.
La Real Sociedad de Londres (RSL 2000) conjuntamente con las Academias de Ciencias de Brasil, China, el Tercer Mundo, México e India han realizado un análisis completo y complejo acerca de la influencia y la necesidad de los transgénicos en la agricultura. Dicha evaluación termina el documento recomendando que se implemente la biotecnología vegetal en los países de escasos recursos a fin de mejorar la calidad de vida de los agricultores, pero también hace recomendaciones sobre la necesidad de crear comisiones de bioseguridad y organismos gubernamentales de control para los cultivos transgénicos, conscientes de que además de beneficios, los transgénicos traen problemas. Uno de los aspectos fuertemente criticados por RSL (2000) es el uso de las Tecnologías de Restricción de Uso de material Genético (TRUG) así como el gen Terminator de Monsanto, las cuales impiden al agricultor utilizar parte de la cosecha como semilla para la próxima estación, y de esta manera depender permanentemente de la empresa. RSL y las Academias de Ciencias opinan que la opción de replantar la semilla o comprar una nueva deberá ser decisión del agricultor, y por ende condenan la incorporación de TRUG en las semillas transgénicas.
La posición asumida por RSL (2000) está notablemente sesgada a favor de los transgénicos, mientras que otras posiciones extremas como Pick–Upau (2001) y Syntonia.com (2001) condenan categóricamente estos cultivos y asumen una posición de rechazo total.
Si bien el cultivo de plantas transgénicas está ganando terreno a gran velocidad, también se deben considerar otras alternativas, de acuerdo a la realidad de cada país. Izquierdo & Roca (1997) plantean que antes de recurrir a la introducción de nuevas especies y de incursionar en la biotecnología vegetal mediante las plantas genéticamente modificadas, primero se debe realizar un análisis de la riqueza y diversidad local. Estos autores han realizado una evaluación de los cultivos sub–utilizados de los Andes, y observan que existen muchas especies andinas nativas con importantes propiedades nutricionales y con diversos usos (como alimento, como forraje, para otros productos) que actualmente no se explotan en todo su potencial y que serán una buena alternativa frente a la introducción de transgénicos.
La diversidad nativa de un lugar está plenamente adaptada a éste y se encuentra en armonía con los procesos ecológicos del lugar. Es por esto que el impacto que los cultivos de especies originarias pueden generar será menor –tanto para el ambiente como para la salud del consumidor– que el de nuevas plantas, y más aún si son OGMs.
Actualmente se habla mucho de los efectos negativos de los cultivos transgénicos, y es verdad que los tienen, pero no se debe olvidar que la agricultura tradicional también ha tenido un impacto muy fuerte sobre la naturaleza en los miles de años que se viene practicando, y más aún desde la revolución verde y el comienzo de la agricultura química (Iañez 2000). Se habla de contaminación genética de plantas transgénicas a los parientes silvestres y la consecuente pérdida de la biodiversidad, pero se ha visto que el flujo génico también se ha producido de las variedades de cultivo hacia las plantas silvestres, y esto ha ocasionado –a lo largo de la historia de la agricultura– una pérdida de más del 80% de las formas silvestres de las principales plantas de cultivo (Iañez 2000). Por lo tanto no solamente se debe considerar el impacto de los cultivos transgénicos, sino de todos los cultivos, ya que sin un manejo adecuado, todos tienen un impacto negativo sobre el ambiente y la biodiversidad.
Ante el creciente aumento de la superficie cultivada con transgénicos, se debe tener en cuenta que estos cultivos, a pesar de contener OGMs, son como cualquier otro cultivo y tienen efectos ambientales similares a los de la agricultura convencional. Por ello es una buena alternativa implementar prácticas agroecológicas a los cultivos transgénicos –cuando estos sean inevitables– a fin de mitigar los impactos ambientales que puedan tener.
Transgénicos: rechazados, pero ya están entre nosotros
Si bien existen personas, instituciones y gobiernos que están a favor de las plantas transgénicas, las voces en contra son muchas y los argumentos diversos, para rechazar total o parcialmente a las plantas transgénicas. Villaverde (2001) cuestiona los potenciales efectos al ambiente y a salud que pueden derivarse del cultivo y consumo de plantas transgénicas. Oswald (2001) cuestiona fuertemente el componente ético del trabajo y cultivo de OGMs tanto por los efectos que pueden tener sobre el ambiente y salud, como por los efectos socio–económicos que las prácticas de monopolio que mediante las TRUG ejercen las transnacionales sobre los países y la gente pobre.
Pick–Upau (2001) y Syntonia.com (2001) cuestionan la inminente pérdida de biodiversidad a raíz de la homogenización genética de los cultivos y de la generación de súper plagas y súper malezas por el mal uso de los insecticidas biológicos Bt y la aplicación indiscriminada de herbicidas. Pick–Upau (2001) también plantea que los cultivos transgénicos amenazan fuertemente a las comunidades microbianas del suelo y la "polución" genética que pueden ocasionar los transgenes, puesto que todas estas circunstancias son irreversibles.
En la actualidad un 80% de los consumidores europeos están en contra de los alimentos transgénicos, y la oposición crece cada día más en Estados Unidos y América Latina (Amigos de la Tierra 2000), en especial por la incertidumbre que genera el no contar con regulaciones y leyes adecuadas para su cultivo, manejo y comercialización. La inseguridad que genera el origen los de los alimentos en los consumidores ha levantado mucha discusión y polémica en los últimos años, ya que las comisiones de bioseguridad –como la de Brasil (Toscano 1999) y las convenciones internacionales de bioseguridad han sugerido implementar el etiquetado diferencial de productos, indicando cuáles de los alimentos ofertados son de origen transgénico o contienen porciones de origen transgénico, y cuales no (ADA 1999).
La exigencia del etiquetado diferencial de los productos no ha tenido una buena acogida entre las empresas productoras de semillas transgénicas, ni entre los agricultores que las cultivan, porque de ser así la gente podría rechazar masivamente estos productos y generarles fuertes pérdidas económicas (Universidad de Zaragoza 2001). También se ha discutido mucho sobre la factibilidad del etiquetado diferencial, ya que algunos productos como el tomate "Flavr–Savr" son fácilmente etiquetables, mientras que otros como los granos de soya a granel, que se mezclan son soya no transgénica, son casi imposibles de diferenciar y de etiquetar por separado.
La Declaración Final del taller sobre transgénicos del Foro Social Mundial (Porto Alegre, 26–29 de enero de 2001) y una carta abierta al presidente de Brasil (Biodiversidad 2001a, DataTerra 2001) rechaza la patentabilidad de los seres vivos y de las semillas, puesto que los seres vivos son patrimonio de la humanidad y no inventos de las transnacionales; recomienda reforzar la investigación científica en el área y ratifica el protocolo de bioseguridad de Cartagena. Conscientes de los riesgos y problemas que traen los transgénicos, así como de que no son la solución absoluta para los problemas de hambruna en América Latina, las partes determinaron imponer una moratoria inmediata al ingreso, cultivo y comercialización de plantas transgénicas, y se reconoce el derecho de los consumidores a estar correctamente informados en todos los aspectos relacionados a los transgénicos. La carta abierta al presidente del Brasil le pide respetar estas decisiones y rechazar los OGM.
Casos particulares sobre el rechazo a los transgénicos en varios países
La información disponible en la red Internet hace justa referencia a las múltiples acciones que se están tomando en países del nuevo y viejo mundo respecto a la introducción y comercialización de los transgénicos. A continuación se verán algunos de estos casos:
España. En este país, como en la mayoría de los países europeos, el rechazo de los consumidores es casi total. Por ello, las compañías productoras de semillas transgénicas han tenido que frenar su ingreso a los países de la Comunidad Europea y han perdido espacio en ese mercado alimenticio de alta demanda. En la Comunidad Autónoma de Extremadura el rechazo de los consumidores ha frenado la siembra de maíz transgénico (Extremadura21 2000). De igual manera, en la Comunidad Autónoma de Castilla–La Mancha se ha prohibido todo ingreso, producción y comercio de OGM (Amigos de la Tierra 2000).
En otros países europeos como Austria, Italia, Suiza y Bulgaria la situación legal y social se torna cada vez más tensa, y los problemas al respecto más complicados por la fuerte oposición de los consumidores y algunos de los gobiernos (Amigos de la Tierra 2000).
Brasil. En Brasil, luego de la Declaración de Porto Alegre se ha impuesto una moratoria indefinida al acceso de los transgénicos, se ha creado una comisión técnica nacional de bioseguridad encargada del tema (Toscano 1999) y la población ha tomado conciencia de los efectos potenciales que los OGMs pueden tener sobre la salud. El ejemplo más llamativo en Brasil es el estado de Pará, donde recientemente se ha aprobado el proyecto de Ley 155/99 que prohíbe categóricamente la introducción de plantas transgénicas para cultivo, y norma estrictamente el uso y comercialización de los productos transgénicos (Almeida 1999).
Colombia. El caso de Colombia es interesante, porque en este país las tendencias del mercado alimenticio han cambiado de la autosuficiencia a la importación masiva, y como consecuencia de la introducción de soya externa, se han acomodado grandes cantidades de soya transgénica en los mercados colombianos (hasta un 90% del total) y los consumidores no han sido siquiera informados al respecto (Vélez 2000).
México. En este país la Secretaría de Medio Ambiente realizó en junio de 2001 un foro sobre la introducción de OGMs a los cultivos mexicanos, y la conclusión del mismo fue que no era conveniente porque los daños producidos a la biodiversidad y a la salud de los consumidores serían mayores que los beneficios que esto pueda traer (SMA 2001). Paralelamente, denuncias de Greenpeace (sf.c) han puesto a la luz los efectos tan destructivos del maíz transgénico, frente a la diversidad natural. Considerando que México es el centro de origen del maíz y que las culturas ancestrales del lugar han domesticado y producido cientos de variedades de esta planta, el daño que se haría esa biodiversidad –única en el mundo– será catastrófico e irreparable.
Venezuela. El gobierno de este país ordenó, durante el año 2000, la incineración de plantas transgénicas introducidas a su territorio sin una regulación precisa, en cumplimiento al principio precautorio para evitar los posibles efectos sobre la salud de los consumidores y el ambiente (Biodiversidad 2000a).
Bolivia. En Bolivia ha llamado la atención (a nivel nacional e internacional) la petición que ha realizado la ONG Proinpa, para introducir –experimentalmente– una nueva variedad transgénica de papa (Solanum tuberosum) resistente a bajas temperaturas y a nematodos, denominada papa Desiree (Amigos de la Tierra 2000, AGROECOL Andes 2001, FOBOMADE 2001a,b). La oposición al respecto ha sido muy grande, puesto que, como en el caso de México, Bolivia es el centro de origen de la papa y posee centenares de formas y variedades naturales, que se verían amenazadas por la variedad transgénica, debido a la contaminación genética (Amigos de la Tierra 2000).
Si bien esta petición ha sido el caso más llamativo sobre transgénicos en Bolivia, no es el único. La embajada de Estados Unidos en este país reconoció públicamente que parte de los alimentos de donación que se regalan son de origen transgénico, como por ejemplo los CornFlakes, que están de maíz StarLink, que se sabe es altamente alergénico en algunas personas.
La petición de Proinpa fue rechazada por el gobierno y se impuso una moratoria preventiva de un año de prueba para los OGM (AGROECOL Andes 2001). A raíz de la oposición de los consumidores, las instituciones científicas y las autoridades de gobierno, Proinpa decidió dejar sin efecto dicha petición el 5 de junio de 2001, haciendo alusión al principio precautorio (FOBOMADE 2001c).
La red por una América libre de transgénicos. Esta es una red conformada por varios países sudamericanos, que en base a experiencias piloto con transgénicos, y en consideración de la situación actual respecto a los transgénicos, han decidido unir esfuerzos para hacer frente a la introducción de transgénicos, a fin de evitar el deterioro de sus ecosistemas e incrementar los problemas socio–económicos, especialmente graves en estos países (Biodiversidad 2000b).
Rechazados, pero ya están entre nosotros hace varios años
A pesar del rechazo generalizado, las medidas legales adoptadas, las convenciones internacionales sobre el tema y las acciones de los grupos ambientalistas, alimentos transgénicos, derivados de transgénicos y / o con componentes de origen transgénico están en los supermercados desde hace varios años sin que el consumidor lo sepa.
Productos tan cotidianos como una barra de Snickers, un chocolate Nestlé o papas fritas Pringles desde hace varios años contienen productos de origen transgénico. El maní en Snickers, la colza agregada a los chocolates Nestlé y las "papas" (que ya están tan modificadas que poco se parecen a una papa andina) de Pringles se han introducido en la dieta de millones de personas, y han causado reacciones alérgicas a un porcentaje de éstas, quienes hasta hace poco tiempo no han tenido una explicación razonable para tal reacción inmunológica descontrolada.
Algunos de los cereales de maíz como CornFlakes, que se consumen en América del Sur, Central, del Norte y en Europa contienen maíz StarLink, el cual es resistente a insectos y posee proteínas bioinsecticidas que producen fuertes alergias en algunas personas, que incluso puede causarles la muerte.
Si se tomara un comprador tipo en un supermercado y se analizara la proporción de alimentos transgénicos que lleva en el carrito, el resultado sería impresionante, por lo menos un 10% de ellos tiene algún producto o materia prima de origen transgénico, por supuesto, el comprador ignora esto.
De aceptarse internacionalmente las normas de etiquetado diferencial de alimentos transgénicos, esta medida debería aplicarse con carácter retroactivo a los productos que ya se encuentran en el mercado, ya que lo más importante es el derecho del consumidor a ser informado y a poder elegir.
La necesidad de un balance global: no existe una posición definitiva
Hoy en día los cultivos transgénicos aumentan entre críticas y alabanzas. Las posiciones asumidas por los consumidores, las instituciones científicas y los organismos gubernamentales son muy diversas, y van desde un rechazo total hasta una aceptación plena, pasando por un complejo y variado grado de criterios.
Este es un tema muy delicado y con muchas variables a considerar, puesto que tiene una gran cantidad de ventajas innegables que coexisten con varios problemas reales, y es por esto que no resulta sencillo asumir una posición definitiva, incluso se podría decir que no existe una posición definitiva porque el tema requiere de un profundo análisis de los casos particulares de realidad económica, social y biológica de cada país.
Los transgénicos ya están entre nosotros –de una u otra forma– y los intereses económicos relacionados a este tema son muy grandes, y a pesar de la oposición de los consumidores, las transnacionales que manejan los mercados siguen vendiendo más y más semillas transgénicas –por sus ventajas, pero ninguna compañía aseguradora quiere correr con los riesgos (Reuters 2001, Smith 2001).
La decisión de introducir transgénicos a un país y del destino que tengan los productos de estos cultivos es compleja y muy delicada. Los riesgos que implica la introducción de plantas transgénicas a un ambiente estable, con especies nativas y procesos ecológicos son grandes, y debe realizarse un balance de costo–beneficio para determinar la mejor opción a tomar.
En este caso es imprescindible realizar un balance global de la situación antes de la introducción de los transgénicos, ya que dependiendo del caso particular, un mismo transgénico puede resultar ventajoso o perjudicial. Tomemos el ejemplo del arroz dorado, la introducción de este transgénico en la India es una buena opción por ser este un país súper poblado en el cual medio millón de niños quedan total o parcialmente ciegos cada año, a causa de la deficiencia de vitamina A (Lal 2001). Este arroz rico en vitamina A supliría gran parte del requerimiento de este micronutriente en una población que consume bastante arroz por su forma de vida. Sin embargo, la introducción del arroz dorado en Bolivia sería una mala opción porque la población es pequeña, tiene poco hábito de comer arroz y al ser un país megadiverso, el riesgo ambiental es muy grande.
De manera general, se puede decir que los países tropicales –en especial los megadiversos– son una buena fuente de genes nuevos para la construcción de transgénicos, pero son malos candidatos para cultivarlos porque tienen una gran biodiversidad que se pondría en riesgo, mientras que los países templados y polares son buenos receptores, porque generalmente no tienen una biodiversidad muy amplia ni son fuentes de genes significativas, y los transgénicos serían una buena opción para cubrir algunas necesidades alimenticias básicas (Castro 2000).
Los países y las instituciones relacionadas al tema deben realizar estos balances globales para poder tomar una actitud frente a los transgénicos, pero para ello también es importante contar con un marco legal adecuado que permita asegurar la reducción o eliminación de los impactos negativos, generar un máximo beneficio para la población (aumentar la calidad de vida) y proteger el derecho del consumidor a ser informado y a poder elegir.
Conclusiones
Las plantas transgénicas han levantado gran polémica y han puesto en tela de discusión las ventajas y desventajas que traen en la agricultura y en la economía mundial. Son muchas las posiciones que se han asumido al respecto, pero no existe una posición definitiva para este caso, puesto que éste es un fenómeno demasiado complejo y con muchas condicionantes, que hace necesario un balance global de la situación antes de asumir un criterio de aceptación o rechazo.
Si bien estas plantas tienen muchas potencialidades a corto y largo plazo, los efectos negativos sobre el ambiente, la salud humana y la economía han frenado –de cierta manera– su ingreso pleno a los mercados de alimentos y de producción de sustancias químicas y farmacéuticas en el mundo entero.
Uno de los impedimentos que experimentan los países en desarrollo es la dependencia vertical de las transnacionales dueñas de las patentes, que mediante las TRUG hacen que los campesinos deban comprar semillas nuevas cada vez, y pasan de comprar un producto a alquilar un servicio.
Se ha visto que la agricultura de transgénicos no es muy distinta a la agricultura convencional y menos aún a la agricultura química, y por ello es que se puede hablar de una relación entre agroecología y transgénicos, ya que de esta forma se puede promover un cultivo transgénico de menor impacto ambiental (porque algún impacto tienen, y a futuro los cultivos transgénicos pueden llegar a ser un estándar y no una opción), pero el principal inconveniente que deja fuera de la concepción de agroecología a los transgénicos es la sostenibilidad, puesto que este sistema de producción no es sostenible, porque el campesino depende de la empresa semillera de por vida.
Los transgénicos ya están en los supermercados, aunque sin etiquetado diferencial, y sus efectos se sienten tanto en el ambiente como en la salud. Los intereses económicos que mueven esta corriente son muy fuertes como para dejarse apabullar por el rechazo del consumidor, y lo más probable es que el futuro esté dominado por los alimentos transgénicos patentados y con TRUG. Es por ello que en lugar de asumir una posición contraria e irracional respecto al tema, se debe realizar un balance global de costo–beneficio para los casos particulares de las realidades de los distintos países y buscar la mejor alternativa para todos.
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Agradecimientos
A Dr. Abul Kalam y BSc. Sergio Valdivia por el material bibliográfico facilitado.
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